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TEA y TDAH: cuando la atención y el mundo interior se cruzan

  • Foto del escritor: Ps. Gabriel Claussen
    Ps. Gabriel Claussen
  • 12 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Neurodiversidad: comprender más allá de las etiquetas


Cada cerebro humano es distinto. No existen dos formas iguales de pensar, sentir o aprender. Bajo esa idea, es que entendemos que en la neurodiversidad, se agrupan condiciones del desarrollo como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH).Aunque se diagnostican por separado, en muchas personas ambos cuadros coexisten. Entender esta comorbilidad no solo es importante para los profesionales, sino también para las familias y comunidades educativas que acompañan a niños, niñas y jóvenes neurodivergentes.


Dos caminos que se encuentran


El TEA o CEA se caracteriza por diferencias en la comunicación social y por patrones repetitivos o intensos de interés y conducta. El TDAH, en cambio, se asocia a la dificultad para mantener la atención, controlar impulsos o regular la actividad corporal. A simple vista, parecen mundos distintos, pero comparten una base común: ambos implican diferencias en la manera en que el cerebro procesa la atención, la emoción y la información social.

De hecho, estudios internacionales indican que entre un 30% y un 50% de las personas con autismo presentan también síntomas de TDAH. Y a la inversa, un número significativo de personas con TDAH muestran rasgos del espectro autista. Esto no significa tener “más de un diagnóstico”, sino un perfil particular de funcionamiento que requiere apoyos diferenciados.


Cuando la atención se dispersa y el entorno abruma


En la práctica, muchas niñas y niños que viven con TEA y TDAH experimentan una sobrecarga de estímulos. Mientras la mente intenta concentrarse, los sonidos, las luces o los movimientos del entorno pueden resultar abrumadores. A esto, se suma la rigidez cognitiva típica del TEA (dificultad para cambiar de tarea o rutina) y la impulsividad del TDAH (tendencia a actuar antes de pensar). El resultado puede ser un ciclo de frustración y desregulación emocional.

Por eso, el Ministerio de Educación de Chile propone estrategias de acompañamiento basadas en la co-regulación: el adulto modela la calma, valida las emociones y ayuda al niño o niña a reconectarse consigo mismo a través de rutinas, apoyos visuales y espacios tranquilos.


Aprender con apoyos, no con castigos


La Ley 21.545, conocida como Ley TEA, reconoce el derecho de las personas autistas a recibir una educación inclusiva, libre de discriminación y ajustada a sus necesidades. Esto implica que las escuelas deben ofrecer respuestas educativas flexibles, eliminar barreras de aprendizaje y permitir que cada estudiante avance a su propio ritmo.

En el caso de quienes presentan TEA y TDAH, esto significa planificar apoyos que integren ambas dimensiones:


  • Estructurar el entorno, anticipando cambios para evitar ansiedad.

  • Favorecer la autorregulación emocional, con tiempos de descanso y movimiento.

  • Adaptar las evaluaciones y materiales, usando recursos visuales o tecnológicos.

  • Fomentar la participación familiar, entendiendo que la casa es parte del proceso educativo.


Familias que acompañan, escuelas que escuchan


Las investigaciones y experiencias recogidas por la Confederación Española de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS) y Plena Inclusión en España, así como por el Mineduc en Chile, subrayan que una intervención realmente efectiva parte de una mirada centrada en la persona y su entorno familiar. Esto se traduce en escuchar la voz del niño o joven, considerar sus intereses, y trabajar junto a su familia en un plan de apoyo que evolucione con el tiempo.


La Planificación Centrada en la Persona (PCP) es una herramienta clave: en lugar de imponer objetivos externos, busca que el propio estudiante con la ayuda de su red identifique sus metas, deseos y necesidades. Desde ahí se diseñan estrategias de aprendizaje y bienestar.


Más allá del diagnóstico: una mirada con empatía consciente.


Hablar de TEA y TDAH no es hablar de déficit, sino de formas distintas de habitar el mundo. Ambas condiciones nos invitan a repensar la educación desde la empatía y la flexibilidad, entendiendo que cada estudiante tiene un modo único de procesar la información, interactuar y desarrollarse.

El desafío es colectivo: construir entornos escolares que no castiguen la diferencia, sino que la comprendan y acompañen. En palabras del paradigma de la neurodiversidad, no se trata de “normalizar” sino de valorar la diversidad neurológica como parte de la riqueza humana.

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