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La depresión: cuando la tristeza se vuelve enfermedad

  • Foto del escritor: Ps. Gabriel Claussen
    Ps. Gabriel Claussen
  • 8 sept 2025
  • 7 Min. de lectura

Desde el punto de vista del psicoanálisis, la tristeza es una emoción inherente a la vida humana. Todos, en algún momento, hemos atravesado por pérdidas, frustraciones o desilusiones que nos han hecho sentir abatidos. Sin embargo, cuando este estado anímico deja de ser pasajero y se prolonga en el tiempo, afectando de manera profunda la vida cotidiana, hablamos de depresión.


Lejos de ser un simple “bajón”, la depresión constituye un trastorno complejo que implica alteraciones en el ánimo, en el pensamiento y en el cuerpo. Quien la padece suele experimentar una sensación de vacío, una falta de interés por actividades que antes eran placenteras, dificultades en la concentración y un cansancio persistente que no se alivia con el descanso. En muchos casos, aparece además un sentimiento de culpa excesiva, la pérdida de la autoestima y pensamientos de muerte. Lo que hace que esta realidad subjetiva sea compleja para quién la vive.


Observando la psicopatología psicoanalítica, la depresión se entiende como una alteración en la relación del sujeto con sus objetos de amor y con su propio ideal. José María Álvarez y colaboradores destacan que este padecimiento implica una “pérdida de la vitalidad libidinal” que deja al individuo sin energía para sostener sus vínculos y proyectos. A nivel clínico, Otto Kernberg ha mostrado que, en casos graves, la depresión puede entrelazarse con trastornos de la personalidad, apareciendo sentimientos intensos de vacío, agresividad dirigida contra el propio yo y una marcada dificultad para mantener relaciones estables.


Cuando se realiza un seguimiento histórico se puede señalar que, como explica Germán Berrios, los síntomas depresivos han cambiado de nombre y de forma, desde la “melancolía” descrita en la antigüedad hasta la depresión moderna, pero siempre han señalado un sufrimiento ligado a la pérdida, a la impotencia y al sentido mismo de la existencia.


Lo fundamental para comprender la depresión, en un lenguaje accesible, es que la depresión no es un signo de debilidad, sino una enfermedad que merece atención clínica especializada. La psicoterapia, los tratamientos farmacológicos y el acompañamiento de la red social y familiar son claves para la recuperación.


La realidad es que, la depresión confronta al sujeto con su fragilidad y con el peso de la falta. Pero también puede abrir, si es acompañada adecuadamente, un camino de reconfiguración subjetiva y de reencuentro con el deseo. Desde la clínica, el desafío consiste en ayudar al paciente a transformar ese vacío en un espacio de creación de nuevos significados y vínculos.


Desde el marco freudiano, no puede comprenderse únicamente como un trastorno del ánimo, sino como un fenómeno estructural donde se entrelazan duelo, pérdida, conflicto pulsional y la economía del yo.


En “Duelo y melancolía", Freud diferencia el duelo normal de la melancolía. Mientras el primero se presenta como una reacción esperable ante la pérdida de un objeto amado, la melancolía revela un proceso patológico: el yo mismo se ve empobrecido porque la libido retirada del objeto no logra desplazarse hacia uno nuevo, sino que se dirige contra el propio yo. Así, el sujeto se acusa, se rebaja y experimenta sentimientos de indignidad, que constituyen el núcleo de lo que hoy llamamos depresión.


Freud muestra que la melancolía implica un conflicto entre el yo y el superyó, donde este último adopta una posición cruel y punitiva. Esta dinámica se profundiza en “El yo y el ello”, cuando plantea que el superyó puede volverse sádico y mortificante, sometiendo al yo a exigencias imposibles que derivan en culpa, autoacusación y deseo inconsciente de castigo.


Desde la perspectiva metapsicológica, la depresión se relaciona con procesos de represión, fijación y regresión libidinal. Se puede observar que los síntomas depresivos pueden emerger como retorno de lo reprimido, ligado a pérdidas infantiles no elaboradas o a identificaciones inconscientes con objetos perdidos. La fijación del sujeto a esos objetos imposibilita el trabajo de duelo, manteniendo activa una economía psíquica de autoagresión.


Ahora, desde la clínica, la depresión se manifiesta como inhibición de las funciones del yo: pérdida de interés por el mundo exterior, empobrecimiento de la capacidad de amar y disminución de la productividad. Estos rasgos fueron señalados tempranamente en los casos clínicos freudianos, donde la inhibición no aparece como simple falta de energía, sino como consecuencia de una lucha interna entre pulsiones de vida y de muerte.


Entonces, para el psicoanálisis, desde la mirada freudiana, la depresión no es sólo un trastorno afectivo, sino una experiencia donde se conjugan la economía libidinal, la severidad del superyó y el fracaso en la elaboración del duelo. Comprenderla exige atender a las identificaciones inconscientes del paciente, al modo en que ha inscrito la pérdida y a la dinámica pulsional que sostiene el síntoma.


Cuando pensamos en lo que nos dice Lacan, encontramos que la depresión, más allá de su abordaje médico o descriptivo, puede pensarse desde el psicoanálisis como una posición subjetiva frente a la falta, al deseo y al goce. Lacan no la conceptualiza como una entidad clínica cerrada, sino como un modo de respuesta del sujeto ante lo imposible de simbolizar.


Por tanto, cuando observamos la relación entre la depresión y el deseo, vemos que Lacan subraya que la clínica no puede reducirse a categorías psicológicas, pues lo esencial es la relación del sujeto con el deseo. Cuando el deseo queda obturado (tapado) ya sea, por la identificación al Ideal del yo o por la imposibilidad de articular un fantasma que sostenga al sujeto, emerge una caída del deseo de vivir, que puede leerse como depresión.


En cuanto a la depresión relacionada con la angustia, Lacan diferencia angustia de depresión: la primera surge como señal de lo real, mientras que la segunda aparece cuando el sujeto se encuentra despojado de ese índice, “sin brújula” frente al deseo del Otro. La depresión, en este sentido, puede pensarse como un colapso de la función del deseo y del fantasma que lo sostenía.


Lacan reformula la clínica desde el goce. Allí la depresión se entiende como una modalidad de goce mortífero, un “no querer saber nada de eso”, donde el sujeto se fija a una posición de des-ser, rechazando el movimiento del deseo. Es decir, una forma de satisfacción en el dolor, que se articula con lo que Freud había descrito como “melancolía”.


Además, el autor advierte que el encuentro analítico se funda en el amor. En los cuadros depresivos, la transferencia se caracteriza por el vacío de investidura: el analista es convocado no tanto como objeto de amor, sino como testigo del abandono del deseo. La dificultad clínica reside en cómo reinstalar la dialéctica del deseo en un sujeto que ha caído en el silencio del mismo.


Finalmente, la depresión puede ser leída también desde La ética del psicoanálisis, donde Lacan plantea que la verdadera cuestión ética es “no ceder en el deseo”. La depresión aparece entonces como una forma de claudicación subjetiva frente a esa exigencia, un consentimiento a la renuncia del deseo en beneficio de un goce mortífero.


Desde el autor Slavoj Žižek, La depresión como síntoma social y subjetivo nos permite comprender la depresión como, lejos de ser un simple trastorno del ánimo, constituye un fenómeno en el que se entrelazan dimensiones clínicas, ideológicas y políticas. Entonces, nos ofrece un marco fértil para comprender este malestar, situándolo más allá de la pura descripción médica: como expresión de la dialéctica entre sujeto, ideología y goce.


En Menos que nada, Žižek recuerda que el pensamiento moderno surge de la fractura, de la imposibilidad de un Todo coherente. La depresión se inscribe precisamente allí: no como déficit individual, sino como experiencia del vacío, del “menos que nada” que estructura nuestra realidad. Es un padecimiento que revela la inconsistencia del orden simbólico en el que el sujeto está atrapado, y donde la aparente libertad se experimenta como carga insoportable.


Este malestar encuentra una dimensión ideológica. Como se muestra en Ideología y Un mapa de la cuestión, vivimos en sociedades donde es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. El sujeto deprimido encarna esta paradoja: siente que su vida carece de sentido y, al mismo tiempo, que ninguna alternativa es posible. La depresión se convierte así en un correlato subjetivo de la imposibilidad de pensar un horizonte distinto.


La clínica enseña que la depresión se articula con el goce. En Porque no saben lo que hacen, se advierte que allí donde el sujeto no sabe —o no quiere saber—, en esas lagunas del universo simbólico, emerge el goce. La depresión puede leerse como esa irrupción del goce mortífero, cuando el sujeto se confronta con la imposibilidad de sostener el deseo bajo las coordenadas dadas.


Por último, en ¡Bienvenidos a tiempos interesantes!, se propone que las crisis no deben ser solo vistas como amenazas, sino como posibilidades de transformación. Pensar la depresión en esta clave permite desplazarla de una visión exclusivamente médica hacia una política de emancipación: no se trata de adaptarse a un orden que genera sufrimiento, sino de reconocer en el síntoma la oportunidad de cuestionar sus fundamentos.


Referencia


Álvarez, J. M., Esteban, R., & Sauvagnat, F. (2004). Fundamentos de psicopatología psicoanalítica. Editorial Síntesis.

Berrios, G. E. (1996). Historia de los síntomas de los trastornos mentales. La psicopatología descriptiva desde el siglo XIX. Fondo de Cultura Económica.

Freud, S. (1917). Duelo y melancolía. En Obras completas, Vol. XIV. Amorrortu editores.

Freud, S. (1923). El yo y el ello. En Obras completas, Vol. XIX. Amorrortu editores.

Freud, S. (1915). La represión. En Obras completas, Vol. XIV. Amorrortu editores.

Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas, Vol. XX. Amorrortu editores.

Lacan, J. (2000). El Seminario, Libro 7: La ética del psicoanálisis (1959). Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (2001). El Seminario, Libro 1: Los escritos técnicos de Freud (1953). Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (2003). El Seminario, Libro 8: La transferencia (1960). Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (2007). El Seminario, Libro 10: La angustia (1962). Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (2008). El Seminario, Libro 20: Aun (1972). Buenos Aires: Paidós

Kernberg, O. F. (1992). Trastornos graves de la personalidad. Estrategias psicoterapéuticas. El Manual Moderno.

Žižek, S. (2012). Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (A. J. Antón Fernández, Trad.). Akal. ISBN: 978-84-460-4186-3.

Žižek, S. (Comp.) (1994). Ideología. Un mapa de la cuestión (C. Beltrame, M. Podetti, P. Preve, M. Rosenderg, J. Sazcón, T. Segovia & I. Vericat Núñez, Trads.). Fondo de Cultura Económica. ISBN: 950-557-513-4.

Žižek, S. (1991). Porque no saben lo que hacen. El goce como un factor político (J. Piatigorsky, Trad.). Paidós. ISBN: 950-12-6508-0.

Žižek, S. (2011). ¡Bienvenidos a tiempos interesantes! (V. Ruiz & M. Souza, Trads.). Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.


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