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Continuemos con el placer

  • Foto del escritor: Ps. Gabriel Claussen
    Ps. Gabriel Claussen
  • 2 sept 2025
  • 7 Min. de lectura



En este segundo artículo sobre el tema del placer, se espera poder centrarnos en las propuestas que realizan los autores `psicoanalítico como: Sigmund Freud, Jacques Lacan y Slavoj Zizek, realizando una recopilación de los trabajos de estos autores.


Freud


Desde los primeros desarrollos del psicoanalis, Sigmund Freud sitúa el placer como un concepto central para comprender la dinámica psíquica. Su importancia atraviesa, tanto la teoría de los sueños como la Metapsicología y la clínica de la neurosis. Esto demuestra la importancia que tiene este elemento para el psicoanálisis.


Freud, elaboró lo que se conoce como el principio de placer, según éste, los procesos psíquicos tienden a evitar el displacer y a procurar la satisfacción inmediata. Este principio se observa de manera privilegiada en el funcionamiento del sueño, al que definió como una realización de deseo: los contenidos latentes, reprimidos durante la vigilia, encuentran en la actividad onírica una vía disfrazada hacia la descarga placentera.


En Tres ensayos de teoría sexual de (1905), en la teoría se vincula el placer a las zonas erógenas y a las pulsiones parciales que se organizan en torno a la sexualidad infantil. La experiencia de placer no se restringe a la satisfacción genital, sino que se expande a múltiples modos de excitación y descarga que marcan el desarrollo psíquico. El placer temprano, entonces, constituye un organizador fundamental de la subjetividad. Este último elemento, nos ayuda a comprender su relación con el deseo. Buscamos el placer porque queremos satisfacer un algo.


En El chiste y su relación con lo inconsciente de (1905), Freud exploró el carácter económico del placer: reír frente a un chiste genera goce porque implica un ahorro de energía psíquica, una liberación súbita de tensiones que habrían estado inhibidas por la censura social o moral. Así, el placer no se limita a lo sexual, sino que se manifiesta también en lo lúdico, lo artístico y lo creativo.


La concepción inicial se complejizó en Más allá del principio de placer (1920), donde Freud introdujo la hipótesis de una pulsión de muerte. Observó que ciertas repeticiones compulsivas en los pacientes parecían ir contra la búsqueda de placer, lo que le llevó a proponer que la vida psíquica está regida por la tensión entre Eros el cual serían las pulsiones de vida, orientadas a la unión y el placer y; Tánatos esas pulsión de muerte, orientada a la destrucción y al retorno a lo inorgánico.


Con todo esto, comprendemos que placer, en Freud, es mucho más que un simple efecto hedónico: es un principio regulador del aparato psíquico, un organizador de la sexualidad y, finalmente, un campo de tensión con las fuerzas destructivas de la vida. De este modo, el psicoanálisis revela que el placer es inseparable de la ambivalencia, el deseo y el conflicto.


Lacan

Cuando pensamos en Lacan encontramos una forma que le entrega continuidad y profundización a lo que se venía desarrollando desde Freud. Entones, el concepto de placer en Lacan no puede pensarse de manera ingenua como sinónimo de bienestar o satisfacción inmediata, lo cual, muestra un gran avance en la comprensión del fenómeno psíquico. Si en la teoría freudiana, el principio del placer organiza la economía psíquica: se busca reducir la tensión, aliviar el displacer, en Lacan encontramos que se introduce un matiz decisivo: el placer aparece siempre limitado, bordeando un más allá que es el goce.


Algo que es interesante de Lacan es que, en El Seminario 7. La ética del psicoanálisis, se afirma que el principio del placer no es una ley que nos lleve a la felicidad, sino una barrera frente a lo insoportable. El placer no es la meta última del sujeto, sino un regulador que impide acceder de lleno al goce, entendido como exceso, transgresión y encuentro con lo real. Allí donde el placer opera como defensa, el goce irrumpe como aquello que desborda las coordenadas del bienestar y confronta al sujeto con lo traumático. Lo que significa que, el placer nos permite mantenernos en un equilibrio aceptable, regulando tensiones y evitando el malestar, pero, el goce es un exceso que no siempre resulta agradable y que puede llegar a ser doloroso o traumático. Entonces, el placer es lo que nos cuida: nos mantiene en un cierto equilibrio, en lo agradable y soportable y el goce es lo que se pasa de la raya: no busca bienestar, sino que desborda y puede volverse doloroso.


Lacan también nos va a hablar sobre la relación entre el placer, el deseo y el objeto a, en donde el placer no se reduce a la mera satisfacción de necesidades sino, en un enlace con el deseo y el objeto a. Aquí es importante aclarar que el objeto a no es un objeto concreto, sino algo que nunca se puede atrapar del todo. Por ejemplo: la mirada, la voz, el pecho, las heces, el falo —formas en que Lacan lo ilustra— no son “cosas” en sí, sino restos que marcan lo que nunca se colma. Entonces, ese objeto a no es lo que queremos, sino lo que hace que queramos. Es como el “vacío” que nos empuja a desear. Nunca se alcanza, pero es lo que mantiene vivo el deseo. Es así, como, el placer es efecto de la búsqueda incesante de un objeto imposible de poseer, cuya presencia se marca en la angustia y en el fantasma.


Es interesante observar lo que plantea Lacan respecto al plus-de-goce. Aquí se articula una relación inédita entre la plusvalía marxista y lo que denomina plus-de-gozar. Allí el placer se revela como economía regulada, mientras que el goce aparece en su lógica de exceso, como resto irreductible que se produce en la relación del sujeto con el significante. El placer está siempre subordinado a esta dialéctica: lo que se obtiene como satisfacción nunca agota el goce, sino que lo reproduce bajo la forma de pérdida. Esto quiere decir, que cuando uno busca una satisfacción pareciera que se va a llenar por completo, pero, eso nunca pasa del todo, siempre queda un resto al que llamamos pérdida. Siempre obtenemos algo, al mismo tiempo, se confirma que falta algo más.


Por otro lado, Lacan distingue entre el goce fálico, ligado al límite del principio del placer, y un goce Otro, especialmente relacionado con la experiencia femenina. El placer, en este contexto, queda como borde, mientras que lo femenino introduce una apertura hacia lo ilimitado, lo que no se deja atrapar por el significante. Así, el placer se configura como umbral entre lo que puede ser simbolizado y lo que se escapa en la experiencia del cuerpo.


Finalmente, Lacan advierte que la ética del psicoanálisis no puede confundirse con la búsqueda del placer. Muy por el contrario, el análisis confronta al sujeto con su deseo y con el goce que lo excede, más allá del principio del placer. La pregunta ética no es si alcanzaremos más satisfacción sino, si hemos actuado conforme a nuestro deseo, incluso cuando esto implique atravesar la falta y enfrentar el displacer.


Slavoj Žižek


Para Žižek el placer nunca se aborda en clave ingenua, como si se tratara de una experiencia transparente y autosuficiente. Su marco lacaniano-hegeliano lo obliga a pensarlo atravesado por la estructura del goce, es decir, un plus de satisfacción que rebasa el principio del placer freudiano y que, más que liberar, esclaviza al sujeto.


Para Žižek, el placer está siempre contaminado por un exceso obsceno que lo desborda: no es un equilibrio homeostático, sino una experiencia que implica exceso, incomodidad e incluso sufrimiento. En Órganos sin cuerpo, leyendo a Deleuze, lo plantea a propósito del goce como “pequeñas sacudidas de goce” que interrumpen la supuesta continuidad del placer cotidiano. Esto, claramente, tiene relación con el nivel excesivo y desbordado del placer.


Žižek insiste en que el placer no puede separarse de la ideología: incluso cuando creemos gozar “libremente”, lo hacemos siguiendo mandatos sociales. En Menos que nada señala que la sociedad liberal-permisiva nos presenta las restricciones como elecciones libres: “cuando nos vemos obligados a reinventarnos en un trabajo precario, se nos dice que descubrimos nuevos potenciales creativos”. Lo mismo ocurre con el placer: el mandato contemporáneo es “¡goza!”, que paradójicamente genera ansiedad y malestar.


En su lectura desde Hegel, sostiene que la realidad misma es “menos que nada” y debe ser suplementada con ficciones para ocultar el vacío de lo real. El placer opera en ese registro: no es solo experiencia inmediata, sino mediación fantasmática que sostiene la consistencia del mundo simbólico. De allí que Žižek diga que no existe un “sexo real” puro; toda experiencia de placer sexual está estructurada por fantasías.


Finalmente, en Porque no saben lo que hacen, Žižek desarrolla cómo el goce se vuelve un factor político: en los huecos de la ideología, allí donde el sujeto “no quiere saber”, se sitúa el goce. Así, el placer no es neutro: articula identidades, sostiene adhesiones colectivas y puede ser manipulado tanto por regímenes autoritarios como por democracias liberales.


Entonces, observamos que el placer no es nunca un simple bienestar individual, sino una experiencia atravesada por exceso, mandato y ficción. Su análisis lacaniano lo muestra como inseparable del goce, de la ideología y de la política: se goza donde menos se sabe, y ese goce organiza tanto la vida íntima como el lazo social.


Referencias


  • Lacan, J. (1959). El Seminario. Libro 7: La ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1962). El Seminario. Libro 10: La angustia. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1968). El Seminario. Libro 16: De un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós.

  • Lacan, J. (1972). El Seminario. Libro 20: Aun. Buenos Aires: Paidós

  • Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños (I). En Obras completas, Vol. IV. Buenos Aires: Amorrortu.

  • Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual. En Obras completas, Vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu.

  • Freud, S. (1905). El chiste y su relación con lo inconsciente. En Obras completas, Vol. VIII. Buenos Aires: Amorrortu.

  • Freud, S. (1920). Más allá del principio de placer. En Obras completas, Vol. XVIII. Buenos Aires: Amorrortu.

  • ižek, S. (1991). Porque no saben lo que hacen. El goce como un factor político (J. Piatigorsky, Trad.). Paidós. ISBN 950-12-6508-0.

  • Žižek, S. (2004). Órganos sin cuerpo. Sobre Deleuze y consecuencias (A. Gimeno Cuspínera, Trad.). Pre-Textos. ISBN 84-8191-782-6.

  • Žižek, S. (2012). Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (A. J. Antón Fernández, Trad.). Akal. ISBN 978-84-460-4186-3.

  • Žižek, S. (1994). Ideología. Un mapa de la cuestión (C. Beltrame et al., Trads.). Fondo de Cultura Económica. ISBN 950-557-513-4.

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