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Gabriel Claussen

Salud mental, una preocupación sanitaria.

  • Foto del escritor: Gabriel Claussen
    Gabriel Claussen
  • 25 may
  • 6 min de lectura



Hablar de salud mental en Chile ya no es un tema de especialistas. Está en las conversaciones familiares, en los colegios, en los trabajos, en redes sociales y, sobre todo, en la vida cotidiana. Hoy muchas personas sienten que el estrés, la ansiedad, la tristeza prolongada o el agotamiento emocional ya no son excepciones, sino parte del paisaje y de sus vidas. Y esa percepción no es solo una impresión: los datos muestran que la salud mental se ha transformado en una de las mayores preocupaciones sanitarias del país.


Una encuesta internacional de Ipsos de 2025 reveló que en Chile 68% de las personas considera que la salud mental es el principal problema de salud del país. Es una cifra muy alta, y además bastante superior al promedio de 30 países medidos, que fue de 45%. Lo más llamativo es que en 2018 ese porcentaje en Chile era de 26%, lo que muestra un cambio cultural muy fuerte en pocos años.


La respuesta corta es que el problema siempre estuvo, pero hoy se ve más. La pandemia de COVID-19 empujó muchas dificultades que ya existían: aislamiento, incertidumbre económica, sobrecarga de cuidados, interrupción de rutinas y aumento del miedo. Después de la pandemia, la situación no volvió simplemente a “la normalidad”. En muchos casos, el malestar quedó instalado. El documento Salud Mental y Problemas de Salud con GES señala que los trastornos mentales tienen una alta prevalencia e incidencia en Chile y que la pandemia marcó un cambio importante en su comportamiento y en la demanda por atención.


Además, el Termómetro de la Salud Mental en Chile de 2025 muestra que muchos factores estresores siguen muy presentes. Entre ellos destacan la delincuencia, el crimen organizado, la situación económica esperada para los próximos meses y los cambios político-sociales. También aumentó la proporción de personas con altos niveles de soledad percibida, llegando a 19% en abril de 2025.


Esto importa porque la salud mental no depende solo de lo que pasa “dentro” de una persona. También depende de su entorno. Cuando hay inseguridad, deudas, cansancio, falta de redes, dificultades para dormir o miedo al futuro, el malestar psicológico crece.

A veces se minimiza la salud mental con frases como “hay que ponerle ganas”, “todos estamos estresados” o “es normal andar mal”. Pero el problema va mucho más allá de un mal día. Según el documento de la Superintendencia de Salud sobre salud mental y GES, las tres principales causas de pérdida de vida saludable por trastornos mentales en Chile son los trastornos depresivos, los trastornos por ansiedad y el alzhéimer y otras demencias.


Eso significa que la salud mental no es un asunto secundario. Afecta años de vida saludable, capacidad de trabajar, estudiar, cuidar a otros, sostener vínculos y disfrutar la vida. También puede tener consecuencias físicas. La evidencia actual insiste en que salud mental y salud física están profundamente conectadas. Por eso, no es casual que la OCDE muestre para Chile factores de riesgo elevados, como 40% de actividad física insuficiente y 31% de obesidad autoreportada, que además se relacionan con bienestar emocional y calidad de vida.


Sería injusto decir que Chile no ha hecho nada. El país tiene una política de salud mental más desarrollada que hace algunas décadas y un modelo que, al menos en el sistema público, busca apoyarse en la atención primaria y en un enfoque comunitario. El plan Construyendo Salud Mental del Ministerio de Salud plantea como línea estratégica mejorar la disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios comunitarios, fortaleciendo atención primaria, COSAM, hospitales de día, atención remota y servicios especializados.


Además, el sistema GES incluye actualmente cinco problemas de salud mental: esquizofrenia, depresión en personas de 15 años y más, consumo perjudicial y dependencia de alcohol y drogas en menores de 20 años, trastorno bipolar y enfermedad de Alzheimer y otras demencias.


A nivel general del sistema sanitario, la OCDE informa que 97% de la población en Chile está cubierta por un conjunto básico de servicios. Ese dato es importante, porque muestra que la cobertura formal existe. El problema es que cobertura no siempre significa acceso rápido, oportuno o suficiente.


Aquí aparece uno de los nudos más duros del sistema chileno: las listas de espera y los atrasos en atención. El plan Construyendo Salud Mental reconoce que, en 2023, tanto en psiquiatría de adultos como en psiquiatría infantil y adolescente, la espera para una consulta nueva en el sector público superaba los 7 meses.


El documento sobre salud mental y GES de 2025 refuerza este punto: la depresión concentra la mayor demanda entre los problemas de salud mental cubiertos por GES y también el mayor número de pacientes con retraso. A diciembre de 2024, la depresión concentraba 86,3% de los casos de los problemas de salud mental con GES, y dentro de los pacientes con retraso una parte importante esperaba más de 3 meses, e incluso más de 6 meses.


En palabras simples: muchas personas sí están buscando ayuda, pero el sistema no siempre logra responder a tiempo. Y en salud mental, el tiempo importa mucho. Una atención tardía puede significar más sufrimiento, más deterioro y más dificultad para retomar la vida cotidiana.

La situación preocupa especialmente en población joven. UNICEF, en su análisis de 2025 sobre niñez y adolescencia en Chile, plantea que la salud mental es uno de los principales desafíos para el bienestar de niños, niñas y adolescentes, y que existen brechas importantes de acceso a diagnóstico y tratamiento, además de diferencias por sexo, nivel socioeconómico, territorio y pertenencia a grupos específicos.


El mismo informe recoge problemáticas señaladas por adolescentes como el acceso desigual a atención psicológica, el aumento de problemas de salud mental, el desánimo, la tristeza y también la ecoansiedad, es decir, la angustia frente al cambio climático.


Esto es clave porque muchos trastornos mentales comienzan temprano. Si no se detectan y acompañan a tiempo, pueden afectar trayectoria escolar, autoestima, relaciones, consumo de sustancias y proyección de futuro.


A veces se piensa que la crisis de salud mental se concentra solo en el sistema público. Pero los datos muestran una realidad más compleja. El informe de la Superintendencia de Salud indica que en el sistema privado también existe demanda, aunque con una lógica más fragmentada. El documento incluso plantea que, a diferencia del sistema público, el sector privado muestra una atención menos integral y más basada en esfuerzos individuales de cada paciente, sin una mirada sistémica centrada en el modelo comunitario.


Eso sugiere que el problema no es solo de cantidad de atenciones, sino también de cómo se organiza el cuidado. En salud mental, no basta con tener horas dispersas. Muchas veces se necesita continuidad, coordinación, seguimiento y redes.


Cuando nos preguntamos si ¿Chile se encuentra bien o mal en comparación a otros paises? La respuesta honesta es: Chile tiene avances, pero sigue rezagado en puntos clave.


Según la OCDE, Chile tiene una esperanza de vida de 81,6 años, levemente superior al promedio OCDE. Sin embargo, en acceso y calidad de atención no destaca especialmente bien. Solo 44% de la población se muestra satisfecha con la disponibilidad de atención médica de calidad, frente a un promedio OCDE de 64%. Además, Chile gasta USD 3.749 per cápita en salud, bastante menos que el promedio OCDE de USD 5.967.


En suicidio, Chile registra 11 muertes por cada 100.000 habitantes, una tasa similar al promedio de la OCDE. Eso no significa que el problema sea menor: significa que incluso comparado con países desarrollados, Chile no logra todavía mostrar una ventaja clara en este indicador.


A manera de resumir, Chile reconoce mucho más el problema que antes, pero todavía no logra responder a la altura de esa conciencia.


Hoy la salud mental es más visible, tiene más legitimidad pública, aparece en estrategias oficiales y cuenta con una red de atención más robusta que hace años. Pero al mismo tiempo, el sufrimiento psíquico sigue siendo alto, la depresión y la ansiedad pesan mucho, el acceso es desigual y las listas de espera siguen siendo una barrera enorme.


La buena noticia es que el tema ya no está escondido. La mala noticia es que visibilizar no basta. El desafío ahora es transformar esa visibilidad en atención oportuna, prevención real, apoyo cotidiano y políticas que no se queden solo en el consultorio, sino que también mejoren las condiciones de vida.

Porque al final, la salud mental no depende únicamente de tener un diagnóstico o una hora médica. También depende de poder dormir, llegar a fin de mes, sentirse seguro, no estar solo, estudiar en paz, trabajar sin agotarse y vivir con dignidad.



Referencia


  • Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales. Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS-UC: Ronda Undécima (2025).


  • Ipsos. Informe de Servicios de Salud de Ipsos 2025 (capítulo “Enfoque en Chile”).


  • Ministerio de Salud de Chile. Construyendo Salud Mental (2024).


  • OCDE. Panorama de la Salud 2025: Chile (2025).


  • Superintendencia de Salud, Departamento de Estudios y Desarrollo. Salud Mental y Problemas de Salud con GES: Uso en el Sistema Chileno de Salud (2025).


  • UNICEF Chile. Análisis de la situación de la niñez y adolescencia en Chile – SITAN 2025 (2025).

 
 
 

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