Más escolaridad, menos aprendizaje: el desafío actual de la educación chilena frente a la OCDE
- Gabriel Claussen
- hace 4 días
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La educación chilena atraviesa un momento decisivo: ha logrado avances importantes en cobertura, escolaridad, alfabetización y acceso a la educación superior, pero aún enfrenta brechas persistentes en aprendizajes, equidad territorial, inclusión y condiciones estructurales para enseñar y aprender. Desde el rol de psicólogo educacional, analizar este escenario no solo implica revisar indicadores estadísticos, sino comprender cómo estos datos se expresan en la vida cotidiana de las comunidades escolares: en las trayectorias de niños, niñas y adolescentes, en sus oportunidades reales de aprendizaje, en sus condiciones socioemocionales y en las posibilidades concretas que tienen las escuelas para responder a la diversidad.
Lo que justifica este artículo es precisamente esa tensión existente en la actualidad. Por un lado, el Censo 2024 muestra que Chile ha elevado su escolaridad promedio, ha alcanzado altos niveles de alfabetización y ha expandido la asistencia en educación media y superior (INE, 2025). Por otro lado, los resultados comparados con la OCDE evidencian que estos avances no se traducen de manera suficiente en aprendizajes sólidos, especialmente en áreas fundamentales como matemáticas, lectura y ciencias (OECD, 2023, 2024). Esta distancia obliga a mirar la educación más allá del acceso formal: no basta con que los estudiantes estén dentro del sistema escolar; es necesario preguntarse qué aprenden, en qué condiciones aprenden, cómo se sienten, qué apoyos reciben y qué desigualdades siguen condicionando sus posibilidades de desarrollo.
Desde la psicología educacional, esta discusión adquiere especial relevancia porque el aprendizaje no puede separarse del bienestar, la motivación, la inclusión, el vínculo pedagógico y las condiciones socioculturales que rodean a cada estudiante. Las brechas educativas no son solo diferencias de rendimiento, sino expresiones de desigualdades más profundas que afectan la autoestima académica, la participación escolar, la permanencia en el sistema y las expectativas de futuro. Por ello, comparar el estado de la educación chilena con la OCDE permite identificar no solo cuánto ha avanzado el país, sino también qué dimensiones siguen pendientes para construir una educación verdaderamente inclusiva, equitativa y orientada al desarrollo integral.
En este sentido, este trabajo busca analizar críticamente el estado actual de la educación chilena, considerando sus avances, límites y desafíos, con especial atención a la comparación con la OCDE y a las implicancias que estos procesos tienen para el trabajo psicoeducativo en las escuelas.
Para iniciar observamos que la educación chilena muestra un desarrollo expansivo en cobertura, escolaridad y acceso, pero mantiene un problema estructural: el avance cuantitativo no se traduce todavía en aprendizajes que se aproximen al promedio OCDE. El Censo 2024 muestra que la escolaridad promedio de la población de 18 años o más llegó a 12,1 años, superando el umbral de la enseñanza obligatoria, produciendo una eliminación de la brecha promedio entre hombres y mujeres (INE, 2025). Sin embargo, PISA 2022 muestra que Chile sigue muy por debajo del desempeño OCDE en competencias fundamentales: en matemáticas, Chile obtuvo 412 puntos, mientras la referencia OCDE se ubica en torno a 472 puntos; además, solo 40% de las mujeres y 48% de los hombres alcanzan competencia mínima en matemáticas, frente al promedio OCDE de 68% y 69%, respectivamente (OECD, 2023).
En cuanto a la cobertura y escolaridad, el principal indicador positivo es la escolaridad acumulada. Chile pasó de 8,6 años de escolaridad promedio en 1992 a 12,1 años en 2024 para la población de 18 años o más (INE, 2025). Esto permite afirmar que el sistema chileno logró una masificación histórica de la educación formal. En comparación con la OCDE, este dato ubica a Chile dentro de la tendencia general de expansión educativa, donde los países han reducido progresivamente la proporción de jóvenes sin educación secundaria completa y han aumentado el acceso a credenciales terciarias (OECD, 2024).
Pero sigue existiendo un problema que aparece cada vez que se distingue entre años de escolaridad y calidad de los aprendizajes. La OCDE advierte que mayores niveles de logro educativo no siempre implican mejores resultados de aprendizaje; de hecho, señala que en muchos países la proporción de estudiantes de bajo desempeño en PISA se ha mantenido o aumentado desde 2012 (OECD, 2024). Chile calza justamente en esa tensión: más acceso, pero aprendizajes todavía débiles.
Ahora, si miramos la alfabetización encontramos que el Censo 2024 muestra una tasa de alfabetización nacional de 97,8% en la población de 15 años o más. En los grupos más jóvenes, la alfabetización es prácticamente universal: 99,4% entre 15 y 29 años y 99,2% entre 30 y 44 años (INE, 2025). Esto aproxima a Chile a un piso básico de desarrollo educativo propio de países OCDE: la alfabetización ya no es el principal cuello de botella.
Entonces, la diferencia con la OCDE aparece en el segundo nivel del problema: no basta saber leer y escribir, sino comprender, aplicar, inferir y resolver problemas. PISA precisamente evalúa esa capacidad de usar conocimientos en situaciones nuevas; por eso, aunque Chile tiene alfabetización casi universal, sus resultados en lectura, matemáticas y ciencias siguen por debajo de los sistemas OCDE de mayor desempeño (OECD, 2023).
Además, en cuanto a la asistencia podemos ver que el Censo 2024 muestra que la asistencia neta aumentó en educación parvularia, media y superior entre 2017 y 2024: parvularia pasó de 48,2% a 52,3%, media de 84,8% a 87,4%, y superior de 36,5% a 46,6%. La básica se mantiene prácticamente universal, con 95,4% en 2024 (INE, 2025).
Siguiendo con la asistencia educacional en Chile, cuando se compara con la OCDE, el punto más crítico es la educación inicial. La OCDE señala que, en promedio, 83% de los niños de 3 a 5 años están matriculados en educación preescolar, y que la educación inicial es clave para reducir desigualdades tempranas (OECD, 2024). Pero, aunque, las categorías censales chilenas y las categorías OCDE no son idénticas, la comparación indica una brecha relevante: Chile ha avanzado, pero la educación parvularia aún no cumple el papel compensatorio que la OCDE identifica como decisivo para la equidad educativa.
Avanzando a la educación superior encontramos un aumento de la asistencia neta en Chile de 36,5% en 2017 a 46,6% en 2024, esto muestra una expansión importante (INE, 2025). Esto dialoga con la tendencia OCDE de incremento de credenciales terciarias en jóvenes adultos. La OCDE señala que la proporción de personas de 25 a 34 años con educación terciaria aumentó en promedio 5 puntos porcentuales entre 2016 y 2023, y que Chile está entre los países con incrementos de 10 puntos o más (OECD, 2024).
Sin embargo, Chile presenta una tensión distintiva frente a la OCDE: la expansión de la educación superior convive con una alta carga privada. La OCDE indica que, mientras el gasto de los hogares en educación terciaria bajó levemente en el promedio OCDE, de 21% a 20% entre 2015 y 2021, en Chile y Reino Unido se mantiene una alta dependencia de financiamiento privado y aumentaron la proporción del gasto terciario asumido por los hogares (OECD, 2024).
Esto sugiere que el desarrollo chileno en educación superior ha sido fuerte en acceso, pero problemático en igualdad de condiciones materiales.
Entonces, cuando hacemos una relación de textos y conceptos encontramos en la revisión documental un distinción central, y es que, el Censo mide principalmente acceso, asistencia, escolaridad y alfabetización, mientras PISA mide competencias efectivas. Desde el Censo, Chile aparece como un sistema que ha expandido su cobertura; desde PISA, aparece como un sistema que todavía no logra aprendizajes comparables con la OCDE. Por eso, el diagnóstico no puede ser simplemente “Chile está bien” o “Chile está mal”: Chile está bien en masificación, pero débil en calidad profunda.
En la evaluación PISA 2022, Chile mantuvo resultados relativamente estables respecto de 2018 en matemáticas, lectura y ciencias, en un contexto donde el promedio OCDE experimentó una caída inédita después de la pandemia (OECD, 2023). Pero esa estabilidad no equivale a buen desempeño: Chile se mantiene bajo el promedio OCDE y con una proporción importante de estudiantes bajo el nivel mínimo de competencia.
Por otro lado, el Censo 2024 muestra un avance relevante: la brecha promedio de escolaridad entre hombres y mujeres desaparece (INE, 2025). Además, la asistencia neta en educación media y superior es mayor en mujeres que en hombres: 88,6% vs. 86,3% en educación media; y 49,8% vs. 43,6% en educación superior (INE, 2025). Este patrón coincide con la OCDE, donde las mujeres jóvenes tienen mayor logro educativo que los hombres, aunque esa ventaja no siempre se traduce en mejores resultados laborales (OECD, 2024).
Pero la equidad chilena sigue marcada por otras desigualdades. La mayor brecha de escolaridad aparece entre personas con y sin discapacidad: 8,9 años para personas con discapacidad frente a 12,6 años para personas sin discapacidad. También hay brecha entre población indígena u originaria y no indígena: 11,4 años para personas de pueblos originarios frente a 12,2 años para personas no originarios (INE, 2025). Territorialmente, la Región Metropolitana alcanza 12,7 años, mientras que la Región de Ñuble llega a 11,0 y la Región del Maule a 11,1 (INE, 2025).
La OCDE interpreta estas desigualdades como parte del problema de equidad educativa: el origen familiar, socioeconómico, territorial y cultural sigue condicionando fuertemente los resultados (OECD, 2024). En Chile, por tanto, la equidad no puede medirse solo por género: debe incluir discapacidad, territorio, pertenencia indígena, migración y nivel socioeconómico.
Los documentos revisados muestran que el profesorado es un eje crítico. La OCDE indica que los docentes de segundo ciclo de enseñanza básica enseñan en promedio 706 horas anuales, mientras que en Chile y Costa Rica superan las 1.000 horas; y en segundo ciclo de enseñanza media, el promedio OCDE es 679 horas, y Chile también aparece sobre las 1.000 horas (OECD, 2024).
La UNESCO reconoce que Chile redujo progresivamente el tiempo lectivo del 75% al 65% entre 2017 y 2019 para aumentar el tiempo no lectivo, pero también señala que los docentes advirtieron sobre una situación grave y es, que ese tiempo muchas veces se usa de modo irregular o para cubrir imprevistos, como reemplazar colegas ausentes (UNESCO & Equipo Especial Internacional sobre Docentes para la Educación 2030, 2025).
Además, la UNESCO describe la Ley de Carrera Docente de 2016 como una política integral para atraer, formar, apoyar y retener docentes, con avances en reconocimiento social, salarios, horas no lectivas, evaluación, apoyo institucional y mentoría. Sin embargo, también advierte que el sistema aún no se ha materializado plenamente como una estructura cohesionada, pues sus programas operan de manera relativamente independiente (UNESCO & Equipo Especial Internacional sobre Docentes para la Educación 2030, 2025).
Comparado con la OCDE, Chile parece estar en una fase intermedia: ha reformado la profesión docente, pero todavía enfrenta sobrecarga, fragmentación y dificultades para convertir la política docente en mejora sistémica del aprendizaje.
Esto permite realizar una interpretación crítica sobre el estado actual de la educación chilena. Pudiendo esta describirse como una modernización incompleta. Chile logró universalizar la alfabetización, extender la escolaridad obligatoria, aumentar la asistencia a educación media y superior, y reducir brechas de género en escolaridad. Pero el sistema aún no alcanza una forma plenamente desarrollada en el sentido OCDE: aprendizajes sólidos, igualdad de oportunidades, educación inicial robusta, financiamiento menos dependiente de los hogares y condiciones docentes sostenibles.
Lo primero que se puede señalar en base a los resultados expuestos es que, Chile se parece a la OCDE en cobertura, pero no en resultados de aprendizaje. El país tiene niveles altos de alfabetización y escolaridad, pero en PISA mantiene resultados bajos en matemáticas, lectura y ciencias. El dato crítico no es solo que Chile obtenga 412 puntos en matemáticas, sino que la proporción de estudiantes con competencia mínima es mucho menor que el promedio OCDE, especialmente entre grupos desaventajados (OECD, 2023).
Como segundo punto, Chile avanza en equidad de género, pero mantiene desigualdades estructurales. Las mujeres muestran mayor asistencia en educación media y superior, pero las brechas por discapacidad, territorio y pertenencia indígena siguen siendo profundas. Esto obliga a pasar de una idea estrecha de igualdad educativa a una idea multidimensional de justicia educativa.
Además, debemos sumar algo que incluso es un debate actual en la sociedad. Chile expandió la educación superior, pero con una estructura financiera tensionada. En la OCDE, la tendencia promedio reciente es una leve reducción de la carga de los hogares en educación terciaria; en Chile, la carga privada sigue siendo alta y aumenta. Esto puede producir una expansión desigual: más personas acceden, pero no todas lo hacen con las mismas condiciones de seguridad económica.
Y un Cuarto elemento, la política docente chilena tiene dirección correcta, pero implementación incompleta. La reducción del tiempo lectivo y la Carrera Docente apuntan a profesionalizar la docencia, pero la comparación OCDE muestra que Chile mantiene alta carga lectiva y desafíos de organización escolar. Si la mejora docente no se traduce en tiempo protegido para preparación, colaboración, retroalimentación y desarrollo profesional, la reforma corre el riesgo de quedar formalmente bien diseñada, pero pedagógicamente sub-utilizada.
La hipótesis central sería esta: el problema actual de la educación chilena ya no es principalmente el acceso formal, sino la conversión del acceso en aprendizaje, equidad y desarrollo humano efectivo. Dicho de otro modo, Chile dejó atrás el desafío básico de escolarizar, pero aún no resuelve plenamente el desafío OCDE de formar competencias complejas en condiciones socialmente justas.
Referencias
Instituto Nacional de Estadísticas. (2025). Síntesis de resultados Censo 2024. INE.
OECD. (2023). PISA 2022 Results (Volume I): The State of Learning and Equity in Education. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/53f23881-en
OECD. (2024). Education at a Glance 2024: OECD Indicators. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/c00cad36-en
UNESCO & Equipo Especial Internacional sobre Docentes para la Educación 2030. (2025). Informe mundial sobre el personal docente: Afrontar la escasez de docentes y transformar la profesión. UNESCO y Fundación SM. https://doi.org/10.54675/DMNB3339



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