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Gabriel Claussen

¿Cómo formar habilidades socio-emocionales?

  • Foto del escritor: Gabriel Claussen
    Gabriel Claussen
  • 30 may
  • 8 min de lectura

Las habilidades socioemocionales son fundamentales para aprender a convivir, enfrentar conflictos y cuidar la salud mental. No se desarrollan solo con el paso del tiempo, sino que requieren enseñanza, práctica y acompañamiento. Por eso, el modelo ideal no consiste en dar charlas aisladas sobre emociones, sino en entrenar habilidades concretas en la vida cotidiana. Este modelo debe integrar a la persona, la familia, la escuela y el entorno social. Desde la Terapia Cognitivo Conductual, se enseña a reconocer emociones, regular la conducta y practicar nuevas respuestas. Desde la mirada sistémica, se comprende que estas habilidades se forman dentro de vínculos, normas y contextos relacionales. Así, formar habilidades socioemocionales implica enseñar, modelar, practicar, reforzar y generalizar lo aprendido. En este artículo revisaremos por qué el enfoque multinivel es el más adecuado para desarrollar estas capacidades.



Durante mucho tiempo se pensó que las habilidades socioemocionales dependían casi exclusivamente de la personalidad, por tanto del individuo: “es tímido”, “es impulsiva”, “no sabe relacionarse”, “le cuesta controlar sus emociones”. Sin embargo, hoy sabemos que estas habilidades no aparecen por arte de magia ni se desarrollan solo con el paso del tiempo. Se aprenden, se practican, se refuerzan y se consolidan en la vida cotidiana.


Por eso, el modelo ideal para formar habilidades socioemocionales no es una charla aislada ni una clase ocasional sobre emociones. El modelo más adecuado es uno multinivel, práctico y relacional, que enseñe habilidades concretas y, al mismo tiempo, involucre a la familia, la escuela y el entorno social.


En palabras simples: las habilidades socioemocionales se aprenden mejor cuando se enseñan, se modelan, se practican y se refuerzan los logros en los contextos reales donde las personas viven.


Pero, ¿Qué son la habilidades emocionales? Las habilidades socioemocionales son capacidades que nos permiten reconocer lo que sentimos, regular nuestras emociones, relacionarnos con otros, resolver conflictos, pedir ayuda, expresar desacuerdos, tolerar frustraciones y tomar decisiones de manera más consciente.


Estas, incluyen habilidades como:


  • Reconocer emociones propias y ajenas;

  • Expresar lo que se siente sin agredir;

  • Escuchar al otro;

  • Pedir ayuda;

  • Esperar turnos;

  • Resolver conflictos;

  • Tolerar la frustración;

  • Reparar cuando se ha dañado una relación;

  • Actuar con empatía;

  • Tomar decisiones responsables.


Estas habilidades no son solo “buenos modales”. Son recursos fundamentales para la salud mental, la convivencia familiar, el aprendizaje escolar, el trabajo y la vida social.


En torno a esto, uno de los errores frecuentes al formar habilidades socioemocionales es creer que basta con explicar lo que es la empatía, la rabia o la frustración. La explicación ayuda, pero no es suficiente.


Una persona puede saber que debe “calmarse”, pero no saber cómo hacerlo cuando está enojada. Puede entender que debe “respetar turnos”, pero no lograrlo en una situación real de juego, discusión o presión grupal. Puede repetir que “hay que conversar”, pero bloquearse cuando debe expresar una molestia.


Por eso, la formación socioemocional debe parecerse más a un entrenamiento que a una charla. Así como nadie aprende a nadar solo escuchando una clase sobre natación, nadie aprende a regular emociones solo escuchando una definición de autocontrol.


Desde algunas tarpias, las habilidades sociales y emocionales se entienden como conductas aprendidas. Incluso, algunos manuales de técnicas señalan que las habilidades sociales se adquieren y mantienen mediante reforzamiento directo, aprendizaje observacional, retroalimentación interpersonal y expectativas cognitivas sobre las situaciones sociales.


Esto se entiende como que las personas aprenden observando cómo otros actúan, probando conductas, recibiendo consecuencias y construyendo ideas sobre sí mismas y sobre los demás.


Por ejemplo, un niño que pide ayuda y recibe una respuesta amable aprende que pedir ayuda funciona. Un adolescente que expresa una opinión y es ridiculizado puede aprender a callarse. Una persona que evita una conversación difícil y siente alivio inmediato puede reforzar la evitación, aunque a largo plazo el problema continúe.


Desde esta mirada, formar habilidades socioemocionales requiere trabajar con técnicas concretas: modelado, ensayo conductual, retroalimentación, reforzamiento, autoinstrucciones, solución de problemas y práctica en situaciones reales. El entrenamiento en habilidades sociales suele incluir instrucciones, modelado, ensayo de conducta, feedback, reforzamiento y estrategias para generalizar lo aprendido a distintos contextos.


Otras posiciones sistémicas agregan una idea clave: las habilidades socioemocionales no se desarrollan en el vacío. Se forman dentro de relaciones.


Una persona aprende a expresar emociones según cómo su familia responde al llanto, al enojo o al miedo. Aprende a resolver conflictos según cómo los adultos discuten o reparan. Aprende a pedir ayuda según si el ambiente castiga la vulnerabilidad o la acoge. Aprende a regularse también a partir de cómo otros la ayudan a regularse.


La Teoría Sistémica plantea que los problemas no deben entenderse solo como fallas individuales, sino como dificultades que pueden generarse o mantenerse en contextos relacionales, familiares, institucionales, culturales y sociales .


Modelo Multinivel de Formación Socioemocional


Por eso, un modelo ideal no solo enseña habilidades al individuo. También mira el contexto: familia, escuela, grupo de pares, normas, límites, clima emocional, estilos de comunicación y formas de resolver conflictos.


Este modelo combina tres ideas centrales:


Primero, las habilidades socioemocionales deben enseñarse de manera explícita. No basta con esperar que las personas “maduren” o “se den cuenta solas”.


Segundo, deben practicarse en situaciones reales. La habilidad no está aprendida hasta que puede usarse en la casa, la escuela, el trabajo o el grupo de pares.


Tercero, el entorno debe colaborar. Si la familia, la escuela o los adultos significativos refuerzan lo contrario de lo que se quiere enseñar, la habilidad difícilmente se consolidará.


Este modelo tiene niveles en los cuales se desarrolla el trabajo.


Nivel individual


A nivel individual se trabaja con la persona: qué siente, qué piensa, cómo reacciona su cuerpo y qué hace cuando aparece una emoción intensa.


Por ejemplo, ante la rabia se puede enseñar a reconocer señales corporales, detenerse antes de actuar, respirar, usar una frase de autocontrol y elegir una respuesta más adecuada.


La pregunta clave es: ¿qué necesita aprender esta persona para manejar mejor esta situación?


Nivel Interpersonal


En el nivel interpersonal se trabajan las relaciones directas: cómo conversa, cómo pide ayuda, cómo expresa desacuerdo, cómo escucha, cómo repara un error y cómo resuelve conflictos.


No se trata solo de “portarse bien”, sino de aprender conductas específicas. Por ejemplo: mirar al otro, usar un tono adecuado, decir “me molestó cuando…”, pedir una pausa o proponer una solución.


La pregunta clave es: ¿qué habilidad necesita practicar en la relación con otros?


Nivel Familiar


En el nivel familiar, la familia es un espacio central de aprendizaje emocional. En ella se aprenden formas de hablar, callar, discutir, pedir ayuda, expresar cariño, poner límites y reparar conflictos.


Si un niño tiene dificultades para tolerar la frustración, no basta con trabajar solo con él. También es importante observar cómo reaccionan los adultos: ¿lo sobreprotegen?, ¿lo retan de inmediato?, ¿ceden para evitar conflictos?, ¿le enseñan alternativas?, ¿validan la emoción sin permitir cualquier conducta?


La pregunta clave es: ¿qué pauta familiar ayuda o dificulta el desarrollo de la habilidad?


Nivel escolar o comunitario


En cuanto a lo escolar o sociocultural, En niños, niñas y adolescentes, la escuela es uno de los principales espacios donde se ponen a prueba las habilidades socioemocionales. Allí aparecen la espera de turnos, la comparación, la frustración académica, el juego, la pertenencia, el rechazo, la presión grupal y los conflictos.


Por eso, docentes, equipos de convivencia, PIE, orientación y familia deben trabajar con criterios comunes. No sirve que en terapia se enseñe una habilidad si en el aula no se refuerza o si el contexto escolar no ofrece oportunidades para practicarla.


La pregunta clave es: ¿cómo se puede reforzar esta habilidad en el contexto real donde más se necesita?


Nivel sociocultural


Las emociones y las relaciones también están influídas por la cultura. No todas las familias, escuelas o comunidades enseñan del mismo modo qué significa “ser fuerte”, “obedecer”, “expresar pena”, “poner límites” o “pedir ayuda”.


La pauta multinivel utilizada en formación clínica destaca la importancia de considerar dimensiones individuales, familiares, grupos de pares, instituciones y contexto sociocultural al analizar problemáticas de salud mental infantojuvenil .


Por eso, formar habilidades socioemocionales también exige considerar género, diversidad, inclusión, experiencias de discriminación, condiciones sociales y formas culturales de entender la autoridad, el respeto y la expresión emocional.


La pregunta clave es: ¿qué factores culturales o sociales influyen en la forma en que esta persona expresa y regula sus emociones?


Pero, ¿Cómo se aplica en la práctica?


Un buen programa de formación socioemocional debería seguir una secuencia simple:


Antes de intervenir, hay que mirar qué ocurre realmente. No basta con decir “es impulsivo” o “no tiene habilidades sociales”. Hay que describir la conducta.


Por ejemplo: “cuando pierde en un juego, grita, abandona la actividad y empuja la silla”.


Luego se analiza qué función cumple esa conducta. Tal vez busca escapar de la vergüenza, evitar una tarea difícil, conseguir atención, defenderse de una burla o expresar una emoción que no sabe comunicar de otra forma.


Después se enseña una conducta alternativa. No basta con decir “no grites”. Hay que enseñar qué hacer en lugar de gritar.


Por ejemplo: “cuando sientas rabia, puedes decir: necesito una pausa”.


El adulto muestra cómo se hace. Puede representar la conducta esperada: tono de voz, palabras, postura corporal y forma de resolver la situación.


La persona ensaya la habilidad mediante juegos de roles, simulaciones o situaciones guiadas. Aquí el error no se castiga; se usa como oportunidad de aprendizaje.


Cuando la persona intenta usar la habilidad, aunque no lo haga perfecto, se refuerza el esfuerzo y se corrige con claridad.


Por ejemplo: “lograste pedir una pausa antes de gritar. Ahora practiquemos cómo decirlo con un tono más bajo”.


Finalmente, la habilidad debe llevarse a la vida real. Si se aprende en una sesión, debe practicarse en casa, en el aula, en el recreo, en reuniones familiares o en situaciones cotidianas.


Veamos un ejemplo sencillo.


  • Imaginemos a un niño que se frustra cuando pierde.

  • Un enfoque poco efectivo sería decirle: “tienes que aprender a controlarte”.

  • Un enfoque socioemocional multinivel diría:

  • Primero, observamos qué ocurre: pierde, se enoja, grita y abandona.

  • Luego, comprendemos la función: no tolera sentirse incapaz o quedar mal frente a otros.

  • Después, enseñamos una habilidad: reconocer la rabia y pedir una pausa.

  • Luego, modelamos: el adulto muestra cómo decir “estoy molesto, necesito un minuto”.

  • Después, practicamos mediante juego de roles.

  • Luego, reforzamos cada avance.


Finalmente, coordinamos con familia y escuela para que todos respondan de manera parecida: validar la emoción, no reforzar la explosión y acompañar la conducta alternativa.


¿Qué deben hacer los adultos?


Los adultos son parte central del modelo. No solo enseñan con palabras; enseñan con sus reacciones.


Un adulto ayuda a formar habilidades socioemocionales cuando:

  • nombra emociones sin ridiculizarlas;

  • pone límites sin humillar;

  • corrige sin destruir la autoestima;

  • modela disculpas y reparación;

  • mantiene normas claras;

  • refuerza avances pequeños;

  • enseña alternativas concretas;

  • evita resolver todo por el niño o adolescente;

  • coordina criterios con otros adultos significativos.


La clave es esta: validar la emoción no significa permitir cualquier conducta. Se puede aceptar que alguien sienta rabia, miedo o tristeza, y al mismo tiempo enseñarle formas más adecuadas de actuar.


Algo importante es poder observar aquello que no necesariamente funciona.


No suele funcionar:

  • dar sermones largos;

  • castigar sin enseñar una alternativa;

  • decir “cálmate” sin enseñar cómo;

  • esperar cambios rápidos;

  • intervenir solo cuando aparece el problema;

  • contradecirse entre adultos;

  • reforzar la evitación;

  • sobreproteger;

  • etiquetar a la persona como “problemática”;

  • enseñar habilidades fuera de los contextos donde debe usarlas.


La formación socioemocional requiere paciencia, repetición y coherencia.


Cómo conclusión, el modelo ideal para formar habilidades socioemocionales es un modelo multinivel, práctico y relacional.


Es práctico porque enseña conductas concretas.Es relacional porque entiende que las emociones se aprenden y regulan con otros.Es multinivel porque considera a la persona, la familia, la escuela, los pares y el contexto sociocultural.


En síntesis: Las habilidades socioemocionales no se forman solo hablando de emociones, sino creando experiencias repetidas donde las personas puedan reconocer lo que sienten, practicar nuevas respuestas, recibir apoyo, reparar errores y aplicar lo aprendido en su vida cotidiana.


Formar habilidades socioemocionales es enseñar a vivir mejor con uno mismo y con los demás.


Referencias.


  • Moreno Fernández, A. (Ed.). (2015). Manual de terapia sistémica: Principios y herramientas de intervención. Desclée De Brouwer.

  • Ruiz Fernández, M. Á., Díaz García, M. I., & Villalobos Crespo, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Desclée De Brouwer.

 
 
 

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