top of page

Cómo abordar la ansiedad infantojuvenil en la familia, la escuela y la clínica

  • Foto del escritor: Ps. Gabriel Claussen
    Ps. Gabriel Claussen
  • hace 3 días
  • 7 Min. de lectura



Lo primero que se debe plantear es que la ansiedad infantojuvenil no debe entenderse solo como un “síntoma individual”, sino como un fenómeno que se organiza entre desarrollo, temperamento, apego, regulación emocional y contextos relacionales. El abordaje más sólido no consiste en “quitar” toda ansiedad, sino en ayudar a niños y adolescentes a reconocerla, regularla y disminuir la evitación, mediante un trabajo articulado entre familia, escuela y clínica.


Se debe distinguir con claridad miedo, ansiedad y estrés.

  • El miedo remite a un peligro identificable y limitado;

  • la ansiedad, en cambio, se orienta a una amenaza anticipada, difusa o futura;

  • y el estrés alude más bien a la respuesta del organismo frente a demandas que exceden o igualan los recursos disponibles.

Esta distinción importa porque en niños y adolescentes no todo temor es patológico: muchos miedos son evolutivos y esperables según la edad. La clínica comienza cuando la ansiedad persiste más allá del gatillante, no coincide con la etapa evolutiva e interfiere en la vida cotidiana.


En los trastornos de ansiedad, la característica central no es solo “sentirse mal”, sino la anticipación de amenaza y la evitación. Esa evitación puede ser evidente: no ir a la escuela, no hablar en clases, no dormir solo; o más sutil: indecisión, retraimiento, exceso de ritualización, búsqueda constante de aseguramiento. El punto crucial es que la conducta no esté guiada por simple preferencia, sino por la expectativa de daño, ridículo, separación, fracaso o evaluación negativa.


Otro matiz importante es que la ansiedad infantojuvenil rara vez aparece “pura”. Los estudios subrayan una alta comorbilidad entre distintos trastornos que tienen inclinación a generar elementos ansiosos, depresión y síntomas somáticos pueden encontrarse con un Trastorno de ansiedad. Por eso, cuando un niño consulta reiteradamente por dolor abdominal, cefaleas, cansancio o náuseas, no conviene asumir de inmediato un problema exclusivamente orgánico ni exclusivamente psicológico: hay que pensar en la articulación entre cuerpo, ansiedad y estado de ánimo.


En los estudios sobre regulación emocional y parentalidad, la familia aparece como el primer laboratorio de regulación. El desarrollo va desde la regulación externa y la co-regulación hacia la autorregulación progresiva. Eso significa que, al comienzo, el niño no “se calma solo”: necesita un adulto que lo ayude a pasar de la activación a la calma, y esa experiencia repetida va construyendo recursos internos.


Las investigaciones realizadas identifican tres grandes vías por las cuales padres y cuidadores influyen en la regulación emocional de sus hijos: modelan con su propia forma de sentir y expresarse; reaccionan ante las emociones infantiles enseñando qué se puede o no sentir/mostrar; y configuran un clima emocional familiar más o menos seguro. Cuando predominan sensibilidad, mentalización, vínculo seguro y respuestas consistentes, el niño aprende que el malestar puede ser comprendido y manejado. Cuando predominan censura, invalidación, sobreprotección, conflicto o imprevisibilidad, aumentan las dificultades regulatorias y con ello la vulnerabilidad ansiosa.


Aquí hay un elemento importante a señalar y es que, acompañar no es sobreproteger. Varios estudios muestran que la sobreprotección, la crítica a las emociones, el uso del miedo como disciplina o el control excesivo pueden mantener o agravar la ansiedad. En adolescentes, esto se vuelve especialmente delicado, porque apoyar no equivale a invadir. El exceso de control puede obstaculizar la autonomía y debilitar la consolidación de habilidades regulatorias; en cambio, el apoyo cálido y sensible favorece una mejor regulación emocional.


Desde la literatura especializada, el estilo parental más protector es el que podría llamarse “coaching emocional”: validar la emoción sin aprobar cualquier conducta, ayudar a nombrarla, poner límites claros y acompañar la búsqueda de soluciones. Dicho de otro modo, ni minimizar (“no es para tanto”), ni castigar (“deja de llorar”), ni rendirse a la emoción (“entonces no vayas nunca más”), sino sostener, traducir y guiar.


También es razonable inferir, a partir de los estudios sobre compasión y co-regulación, que una familia que logra responder con calma, comprensión y cooperación coparental ofrece un contexto más seguro para regular ansiedad. Esto no elimina el problema, pero baja la carga defensiva y favorece la sensación de seguridad interna. Lo seguro aquí no es que “nunca sufrirá”, sino que “no quedará solo frente a ese sufrimiento”.


Lo primero es recordar que la escuela no reemplaza a la clínica, pero tampoco es un escenario neutral. En las investigaciones aparece como un espacio donde la ansiedad se expresa con mucha nitidez: rechazo escolar, miedo a la evaluación, evitación de presentaciones, retraimiento social, bajo contacto visual, voz muy baja, somatización y ausentismo. Además, la ansiedad puede ser reforzada por experiencias escolares concretas, como bullying, rigidez excesiva, exposición humillante o presión evaluativa desregulada.


Por eso, el abordaje escolar adecuado no consiste en “obligar” sin más, pero tampoco en consolidar la evitación. Una posición intermedia seria identificar la interferencia, graduar el afrontamiento y ajustar el contexto. Un ejemplo claro en relación de la regulación emocional podría ser que en vez de evitar completamente una exposición oral, se favorece una participación gradual, preparación previa, apoyos concretos, focalización atencional menos amenazante, reevaluación cognitiva y regulación fisiológica durante la tarea. El foco es disminuir la evitación sin precipitar al estudiante a una sobreexposición desorganizante.


La escuela también puede cumplir una función evaluativa y de coordinación. Existen instrumentos que pueden ser completados por profesores y que aportan información valiosa sobre ansiedad escolar e interferencia funcional. Eso es importante porque la ansiedad cambia de un contexto a otro. Algunos niños parecen “bien” en casa y se bloquean en el aula; otros se ven tranquilos en la escuela, pero colapsan anticipatoriamente la noche anterior.


Desde una lectura más institucional, y aunque no trate ansiedad de modo directo, el trabajo sobre inclusividad en Chile permite una inferencia pertinente, las escuelas que valoran la diversidad, trabajan colaborativamente y no reducen toda su lógica a la estandarización ofrecen mejores condiciones para alojar trayectorias emocionales heterogéneas. A la inversa, contextos rígidos, hipercentrados en rendimiento y con participación estudiantil periférica pueden aumentar el malestar de quienes ya viven la escuela desde la amenaza. Esta relación es una inferencia razonable, no una afirmación causal directa del texto.


En términos prácticos, la escuela debiera hacer al menos cuatro cosas, detectar señales sin moralizarlas; evitar humillación, sarcasmo o exposición punitiva; construir apoyos graduales y coordinados; y trabajar con la familia y, cuando corresponda, con el equipo clínico. Cuando hay rechazo escolar, las fuentes son explícitas: no basta con mirar al niño aislado, porque suelen intervenir también factores familiares y escolares.


En la clínica, el primer paso no es “tratar ansiedad”, sino comprender qué tipo de ansiedad hay, qué función cumple y qué red de factores la mantiene. Los estudios distinguen entre miedos evolutivos, funcionamiento ansioso y trastornos ansiosos propiamente tales; además, recomiendan evaluar interferencia funcional, evitación, comorbilidades, somatización, contexto familiar y contexto escolar.


Respecto del tratamiento, el eje mejor respaldado en los materiales es la terapia cognitivo-conductual, sola o combinada con ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina) en cuadros más severos o comórbidos. En ansiedad infantil, la lógica clínica central no parece ser la mera descarga emocional, sino ayudar a modificar el circuito ansiedad-evitación mediante exposición gradual, trabajo cognitivo, manejo fisiológico, fortalecimiento de habilidades regulatorias y participación de la familia. Los estudios educativos sobre miedo y ansiedad también convergen en que el enfrentamiento paulatino al objeto o situación temida es preferible a la evitación sostenida, y que en algunos casos se requiere terapia familiar para cambiar patrones de interacción que mantienen el síntoma.


Los estudios más recientes sobre regulación emocional agregan un matiz clínico importante: no toda estrategia que baja malestar a corto plazo mejora el funcionamiento. Supresión y evitación pueden aliviar momentáneamente, pero sostener el problema a largo plazo. De ahí que la clínica no busque solo “que sienta menos”, sino que pueda relacionarse de otro modo con lo que siente, aumentar flexibilidad y recuperar funcionamiento adaptativo.


En esta misma línea, los textos sobre compasión y autocompasión muestran que la regulación emocional no es solo control, sino también una forma menos defensiva de habitar el malestar. Esto es clínicamente relevante porque muchos niños y adolescentes ansiosos no solo sienten miedo: también se avergüenzan de sentirlo, se critican por no poder manejarlo o se angustian por su propia ansiedad. Una clínica útil, entonces, no solo expone y reestructura; también co-regula, valida y ayuda a transformar la relación con la emoción.


Si uno reúne las fuentes de estudios, aparece una idea fuerte: la ansiedad infantojuvenil no se resuelve bien cuando cada sistema trabaja por separado. La familia puede contener, pero también reforzar la evitación. La escuela puede ser espacio de crecimiento, pero también de humillación o sobreexigencia. La clínica puede ser técnicamente precisa, pero quedarse corta si no dialoga con los contextos donde el síntoma se produce y mantiene. Por eso, el mejor abordaje es ecológico: co-regulación en casa, apoyos razonables en la escuela y tratamiento clínico cuando la ansiedad ya sobrepasa lo evolutivo y compromete funcionamiento.


La pregunta de fondo no es cómo criar o educar a alguien “sin ansiedad”, porque eso sería imposible e incluso poco deseable, sino cómo acompañar a un niño o adolescente para que no convierta el miedo en encierro, la vergüenza en identidad y la evitación en forma de vida. ¿Estamos enseñando a soportar y elaborar el malestar, o más bien a huir de él cada vez con más sofisticación?


Referencia.


  • Ahumada Q., C. (2025). Modelos de comprensión del estrés y de la ansiedad en niños y adolescentes [material de clase].


  • Araya-Véliz, C. (2025). Compasión y auto-compasión: impacto sobre la regulación emocional. Palabra y Razón, 27, 29-45.


  • Coo, S. (2021). Regulación emocional y parentalidad. En R. Cárcamo & J. Silva (Eds.), Apego y parentalidad (pp. 87-96). Editorial Mediterráneo.


  • Herskovic, V., & Matamala, M. (2020). Somatización, ansiedad y depresión en niños y adolescentes. Revista Médica Clínica Las Condes, 31(2), 183-187.


  • Pérez Grande, M. D. (2000). El miedo y sus trastornos en la infancia. Prevención e intervención educativa. Aula, 12, 123-144.


  • Rapee, R. M. (2016). Trastornos de ansiedad en niños y adolescentes: naturaleza, desarrollo, tratamiento y prevención. En J. M. Rey (Ed.), Libro electrónico de IACAPAP de salud mental en niños y adolescentes (ed. esp.). IACAPAP.


  • Ruiz Sancho, A. M., & Lago Pita, B. (2005). Trastornos de ansiedad en la infancia y en la adolescencia. En AEPap (Ed.), Curso de actualización pediatría 2005 (pp. 265-280). Exlibris Ediciones.


  • Santos, D. A. de los. (2022). Regulación emocional y terapias psicológicas empíricamente apoyadas: confluencias, complementariedades y divergencias. Análisis y Modificación de Conducta, 48(177), 3-17.


  • Sierra, J. C., Ortega, V., & Zubeidat, I. (2003). Ansiedad, angustia y estrés: tres conceptos a diferenciar. Revista Mal-estar e Subjetividade, 3(1), 10-59.


  • Valdés, R. (2025). Barreras y facilitadores para liderar una escuela inclusiva: el caso de Chile. Revista de Investigación Educativa, 43.

Comentarios


Envíame un mensaje y dime lo que piensas

¡Gracias por tu mensaje!

bottom of page