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Gabriel Claussen

Aumento de delitos sexuales en América Latina

  • Foto del escritor: Gabriel Claussen
    Gabriel Claussen
  • 25 may
  • 9 min de lectura

Cuando hablamos de delitos sexuales, encontramos que no es una lectura simple sobre un “aumento lineal” en toda la región. Lo que sí se observa con fuerza en cuanto a los antecedentes de este tema es que los registros administrativos de delitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes han tendido a crecer en el largo plazo, con una caída en 2020 compatible con los registro y menor detección durante la pandemia, seguida por rebotes pospandémicos, mayor visibilidad del fenómeno y un aumento creciente de las modalidades digitales, la explotación sexual comercial y los delitos vinculados a material de abuso sexual infantil. La UNICEF y la Organización Panamericana de Salud (OPS) subrayan que en América Latina y el Caribe la violencia sexual y la violencia en línea forman parte del núcleo actual de la violencia contra la niñez, y que las respuestas más prometedoras combinan leyes sólidas, prevención basada en evidencia, mejores datos y coordinación intersectorial.


En Chile, las mejores variables medibles que se pueden verificar es la serie de denuncias por delitos sexuales con víctimas Niños Niñas y Adolescentes (NNA): que pasó de 19.112 en 2015 a 40.361 en 2023, con un pick de 41.999 en 2022; además, en 2023 se registraron 39.487 NNA víctimas, equivalentes a 9,3 por cada 1.000 NNA. La Defensoría de la Niñez reportó, además, que entre 2018 y 2023 hubo un incremento de 8,4% en los delitos sexuales cometidos contra NNA, y que el 84,3%de las víctimas NNA en 2023 fueron niñas/adolescentes.


En Colombia, la señal es más matizada. La tasa oficial del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para presunto delito sexual contra NNA fue de 148,3 por 100.000 en 2018, 159,2 en 2019, 108,5 en 2020, 130,6 en 2021, 152,6 en 2022 y 141,0 en 2023: no hay una subida lineal, pero sí una persistencia muy alta, con quiebre pandémico y recuperación posterior. En 2023 se valoraron aproximadamente 19.765 casos; 87% correspondieron a niñas y 59,2% a adolescentes de 12 a 17 años. Para 2024, una fuente oficial del Instituto Colombiano de BIenestar Familiar (ICBF) reportó 17.653 casos de presunto delito sexual valorados por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) y señaló que la violencia sexual seguía siendo la forma de violencia más frecuente en la adolescencia.


En la explicación del aumento observado, la evidencia converge en cinco planos: a) más oportunidades de captación y coerción digital; b) persistencia de normas de género y estigmas; c) violencia intrafamiliar y abuso por personas cercanas; d) desigualdad, pobreza, inseguridad, migración y crisis que reducen protección; y e) cambios reales en denuncia, tamizaje, registro y clasificación que elevan la detección. Esto obliga a una interpretación prudente: una parte del “aumento” refleja probablemente más victimización, y otra parte más visibilidad institucional.


La conclusión práctica es que la política pública no debe descansar en un solo eje penal. La respuesta con mejor sustento combina: prevención temprana, educación sexual integral y alfabetización digital, detección temprana en salud/educación/protección, investigación especializada y rápida, sistemas interoperables de datos, y medidas específicas para explotación sexual y violencia sexual digital.


Los delitos ligados a los delitos sexuales infantiles se comprenden como el conjunto de conductas sexuales ilícitas cometidas contra niñas, niños y adolescentes, en general menores de 18 años, y los delitos conexos que facilitan, explotan o reproducen la ejecución de esos delitos. Esto incluye, según tipificaciones verificadas en la evidencia reunida para Chile, violación, abuso sexual, estupro, producción, adquisición, almacenamiento, comercialización y difusión de material pornográfico elaborado con menores de 18 años, obtención de servicios sexuales de menores, promoción o facilitación de explotación sexual, trata con fines de explotación sexual, y transmisión de imágenes de connotación sexual de menores.


La comparación entre países es limitada por dos razones. La primera es jurídica: aunque el estándar internacional para niñez es menor de 18 años, varias legislaciones y registros administrativos distinguen categorías especiales para menores de 14 años o para tramos etarios como 0-13 y 14-17. En Chile, por ejemplo, el registro fiscal muestra subtipos diferenciados para edades específicas; en Colombia, el Instituto Colombiano de BIenestar Familiar (ICBF) separa, incluso como motivo administrativo, conductas sexuales entre menores de 14 años.


La segunda razón es estadística: algunos sistemas miden denuncias, otros víctimas, otros casos valorados forensemente, otros notificaciones médicas, y otros solo ofrecen resultados agregados de “violencia contra NNA”. Por eso, no podemos asumir una equivalencia entre series en este artículo. Dicho criterio es deliberado para evitar comparaciones engañosas. UNICEF/OPS y varios organismos nacionales coinciden en que la mejora de los datos y su estandarización sigue siendo una deuda estructural.


A nivel regional, la mejor lectura sobre el fenómeno no proviene de una sola serie latinoamericana que, hasta hoy no existe de forma armonizada para delitos sexuales infantiles, sino del cruce de distintos informes regionales y registros nacionales de cada país. UNICEF y OPS destacan que la violencia sexual y la violencia digital forman parte del núcleo de violencias que hoy afectan a la niñez en América Latina y el Caribe, y que la región sigue marcada por factores estructurales como normas sociales negativas, desigualdad, inseguridad, migración y crisis humanitarias. UNICEF también advirtió que la región todavía necesita medidas estandarizadas para cerrar vacíos de datos en violencia sexual contra NNA.


En otras palabras, la región sí muestra una alta persistencia del problema y un ensanchamiento de sus formas, sobre todo digitales, pero no permite afirmar, con una sola tasa comparable, “cuánto subió” en todos los países al mismo tiempo. La señal más robusta es que donde mejoró la detección institucional o el reporte, las cifras administrativas crecieron; donde la pandemia restringió acceso a escuela, salud y denuncia, varios registros cayeron en 2020; y luego volvieron a subir.


(...) la violencia sexual y la violencia digital forman parte del núcleo de violencias que hoy afectan a la niñez en América Latina y el Caribe, y que la región sigue marcada por factores estructurales como normas sociales negativas, desigualdad, inseguridad, migración y crisis humanitarias.

En Chile, la serie más clara verificada en esta revisión es la de denuncias ingresadas por delitos sexuales con víctimas NNA. Según estudios estadístico basados en registros del sistema penal chileno, entre 2006 y 2023 ingresaron 431.445 denuncias y se contabilizaron 362.355 Niñas Niños y Adolescentes víctimas. Los estudios muestran que las denuncias anuales pasaron de 12.547 en 2006 a 40.361 en 2023, con máximo en 2022 (41.999). Para el período solicitado, la serie 2015-2023 es: 19.112, 20.853, 22.766, 27.528, 31.134, 24.632, 29.301, 41.999 y 40.361. En 2023, además, hubo 39.487 víctimas NNA, equivalentes a 9,3 por cada 1.000 NNA.


También importante caracterizar. En 2023, el 84,3% de las víctimas NNA registradas en Chile fueron niñas o adolescentes mujeres. La Defensoría de la Niñez reportó que entre 2018 y 2023 los delitos sexuales contra NNA crecieron 8,4%, y que el grupo 0-13 años fue el más afectado. Para enero-junio de 2024, el Ministerio Público informó 25.352 víctimas por delitos sexuales en general; de ellas, la Defensoría destacó que 15.061 correspondían a menores de 18 años de sexo femenino, lo que describe continuidad de la sobrerrepresentación de niñas y adolescentes



Para enero-junio de 2024, el Ministerio Público informó 25.352 víctimas por delitos sexuales en general; de ellas, la Defensoría destacó que 15.061 correspondían a menores de 18 años de sexo femenino, lo que describe continuidad de la sobrerrepresentación de niñas y adolescentes.

También crecieron o se hicieron más visibles las modalidades de delitos relacionados. La Defensoría informó que entre 2022 y 2023 se identificaron 2.184 NNA víctimas de explotación sexual; 86% eran niñas y 64% tenían entre 14 y 17 años. En los delitos vinculados a material de abuso sexual, 83% de las víctimas eran niñas y 51% tenía entre 0 y 13 años, lo que sugiere que las modalidades digitales no son marginales y afectan especialmente a menores más pequeñas/os cuando hay producción, almacenamiento o difusión de material.


En Colombia, la fuente más sólida y homogénea encontrada para delito sexual infantil fue del INMLCF, que publica tasas de casos valorados por presunto delito sexual contra NNA. Esa tasa fue de 148,3 por 100.000 NNA en 2018, 159,2 en 2019, 108,5 en 2020, 130,6 en 2021, 152,6 en 2022 y 141,0 en 2023. La propia fuente interpreta la caída de 2020 como asociada a la pandemia y el subregistro, y aclara que 2023 siguió por debajo del período prepandemia, aunque por encima de 2021 y de varios registros anteriores.


En términos absolutos, la tabla oficial de 2023 sugiere aproximadamente 19.765 casos valorados por presunto delito sexual contra NNA; alrededor de 87% correspondieron a niñas y 59,2% se concentraron en el grupo de 12 a 17 años. Una infografía oficial posterior del ICBF, con datos actualizados a 2025, reportó para 2024 un total de 17.653 casos de presunto delito sexual valorados por el INMLCF dentro del conjunto de violencias que afectaron a NNA, y subrayó que la violencia sexual seguía siendo la forma de violencia con mayor incidencia, especialmente en adolescencia.


En paralelo, los registros de salud del sistema Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA) mostraron un crecimiento del total de casos notificados de violencia contra NNA: 53.173 en 2018, 56.377 en 2019, 46.782 en 2020, 51.457 en 2021, 64.310 en 2022 y 71.637 en 2023. El ICBF atribuye parte del aumento reciente al fortalecimiento del reconocimiento y reporte por el personal de salud y a la implementación de protocolos de identificación. Ese hallazgo es crucial para no confundir variaciones administrativas con cambios “puros” de incidencia.



La evidencia disponible sugiere que el aumento observado en registros de delitos sexuales infantiles es multicausal. En una parte refleja más victimización y más oportunidades delictivas, y en otra refleja mejor detección, mayor visibilidad y mayor propensión a denunciar. No hay una sola variable explicativa; el fenómeno funciona como una red.



Las reformas legislativas y políticas públicas más visibles en la evidencia revisada no han eliminado el problema, pero sí cambiaron cómo se detecta, investiga y protege el fenóme. El balance más claro es doble: algunas medidas reducen revictimización y mejoran la trazabilidad, pero todavía conviven con déficits de cobertura, baja especialización y resultados judiciales limitados.


En Chile, la Ley Nº 21.057 introdujo entrevistas investigativas videograbadas y otras salvaguardas para NNA víctimas, una reforma importante desde el punto de vista del trato y la prueba. Sin embargo, la implementación aún luce parcial: el estudio estadístico de 2024 indica que a 38,9% de los NNA ingresados como víctimas en 2023 se les realizó entrevista investigativa videograbada. En paralelo, la Defensoría de la Niñez reporta deterioro en resultados procesales: la proporción de formalizaciones bajó de 20,6% en 2017 a 13% en 2021, mientras que el archivo provisional pasó de 52,8% en 2017 a 60% en 2023. Es decir, hay avances en protección procedimental, pero no una mejora equivalente en persecución penal efectiva.


Hay avances en protección procedimental, pero no se observa una mejora equivalente en persecución penal efectiva.

En Colombia, el Informe anual del Comité Interinstitucional Consultivo elaborado en cumplimiento de la Ley 1146 de 2007 muestra una arquitectura más intersectorial: integra fuentes de SIVIGILA, SIM-ICBF y Sistema Penal Oral Acusatorio (SPOA) para orientar prevención y atención integral. Además, la política 2018-2028 para la prevención y erradicación de la ESCNNA reconoce expresamente la explotación sexual comercial como forma de violencia sexual contra NNA. El problema es que la mejora del andamiaje institucional no ha significado, por sí sola, una caída sostenida de la victimización registrada; la misma documentación oficial de 2024-2025 sigue identificando amplios desafíos preventivos y territoriales.


Existen limitaciones al momento de abordar esta problemática desde la investigación y obtención de datos. La primera limitación son las dispersión de subregistros estructurales. La segunda limitación es que la caída de 2020 no puede leerse como una mejoría real sino, como un fenómeno al cual se le debe tratar con mayor rigurosidad. La tercera es la heterogeneidad de definiciones y edades, lo que formatea los resultados para no observar quizá la dispersión de datos. La cuarta es más sustantiva: una parte del aumento observado proviene de mejores registros, más capacitación y más denuncia. Esto no desmiente el problema; al contrario, sugiere que durante años estuvo menos visible de lo que parecía. Pero sí obliga a distinguir entre más hechos y más detección.


Como opinión profesional creo que la prioridad debería ser construir un sistema integrado e inter-operable de datos sobre violencia sexual contra NNA que una salud, policía, fiscalía, protección especializada y tribunales, con definiciones comunes, metadatos públicos y series por edad/sexo/territorio/relación con agresor/modalidad digital. La propia Defensoría de la Niñez en Chile critica la ausencia de un mecanismo integrado de datos, y UNICEF/OPS insiste en que mejores datos son una acción de alto retorno.


La segunda observación es mover recursos desde la sensibilización genérica hacia prevención específica y medible. Eso implica educación sexual integral con enfoque de derechos, alfabetización digital, trabajo parental/cuidadores, protocolos escolares y comunitarios, y acciones diferenciales para adolescentes y para niñas. UNICEF destaca que la región necesita programas preventivos basados en evidencia, no solo campañas.


La tercera es fortalecer la detección temprana en salud, educación y protección. La experiencia colombiana muestra que cuando el personal de salud recibe mejor formación y protocolos, sube la identificación de casos. Eso no es un ruido estadístico; es una mejora institucional que salva tiempo crítico en el ciclo del abuso.


La cuarta es asumir que la violencia sexual digital ya no es una periferia del problema. Se requieren obligaciones regulatorias y de cumplimiento para plataformas, mejores capacidades de investigación digital en fiscalías y policías, y rutas rápidas para remoción, preservación de evidencia y cooperación con proveedores. Chile, según la Defensoría, muestra un rezago importante precisamente en ese punto.


La quinta es especializar la respuesta penal. Los datos chilenos muestran que proteger mejor a la víctima no basta si no se corrigen cuellos de botella en formalización, archivo provisional, peritajes y tiempos de investigación. La recomendación práctica es concentrar casos complejos en unidades especializadas, reducir la rotación de fiscales/peritos, priorizar tiempos de respuesta y construir indicadores de resultado, no solo de gestión.


Además, orientar territorialmente la prevención y la respuesta. Tanto Chile como Colombia muestran heterogeneidad subnacional significativa. Una política nacional uniforme, sin focalización territorial, pierde eficacia. Los territorios con alta tasa o con indicadores de vulnerabilidad acumulada deberían recibir equipos reforzados, capacidad forense móvil, programas escolares de prevención y estrategias específicas contra explotación sexual y delitos en línea.

REFERENCIA


ESTUDIO DE FUNDACIÓN AMPARO Y JUSTICIA (2014). NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES VÍCTIMAS DE DELITOS SEXUALES: INGRESO DE DENUNCIAS Y RESPUESTA DEL SISTEMA DE JUSTICIA PENAL.https://amparoyjusticia.cl/wp-content/uploads/2024/05/Reporte-Estadistico-2024-Fundacion-Amparo-Justicia.pdf


VIOLENCIA CONTRA NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES EN LATINOAMÉRICA


BOLETÍN DATOS PARA EL CAMBIO SITUACIÓN DE VIOLENCIA CONTRA LAS NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES (2024).https://portalsuin.icbf.gov.co/sites/suin/Documents/Boletines%20Datos%20para%20la%20acción/Datos%20para%20el%20cambio%20violencias%20-%20VF_OBNSUIN.pdf



 
 
 

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